La economía según Correa
Tuesday, October 31st, 2006Escrito por Walter Spurrier en el Universo
En el fragor de la campaña, en que los candidatos hacen declaraciones sueltas y ofertas concretas, se pierde el sustento de su propuesta. El electorado, con razón, se confunde y los rivales con toda intención, confunden más.
Rafael Correa, al formular sus propuestas en un contexto de apoyo a Chávez e insultos a Bush, facilita que los opositores lo tilden de comunista, y que parte del electorado lo crea.
Como me tocó en 1978 cuando Roldós-Hurtado, quiero dejar sentado que no hay comunismo en Correa. Es de izquierda alternativa. Y la izquierda no es comunismo, como ya expuse en un artículo de hace un mes.
Esta izquierda alternativa es una manera de ver la economía que ha estado ganando popularidad en América Latina en los últimos años, y de ahí que Correa se haya identificado como el representante de esa tendencia en el Ecuador.
En el 2003, con Kirchner en el poder en Buenos Aires, y Lula en Brasilia, los dos presidentes se reunieron en Buenos Aires y firmaron un comunicado rechazando el conjunto de medidas que recomendaban los organismos multilaterales inspiradas en el éxito económico asiático, y que se ha dado a conocer como Consenso de Washington.
En su lugar se pronunciaron a favor de políticas económicas que favorecieran a la reducción de la desigualdad social en América Latina. Por contraste, se dio por denominar a esa declaración “Consenso de Buenos Aires”.
Mientras que el Consenso de Washington puede considerase un conjunto de normas utilitarias para el desarrollo, el de Buenos Aires es más bien un conjunto de normas de obligación moral para el desarrollo.
El de Washington pone en la balanza el desarrollo y la justicia social y tiende a favorecer el desarrollo.
El de Buenos Aires, en cambio tiende a favorecer la justicia social.
Ninguno de los dos consensos significa una “receta” que todo país debe seguir a pie juntillas.
En Foreign Affairs, Diana Tussie y Pablo Heidrich explican que “el Consenso de Buenos Aires está inspirado en el ideario antifondo monetarista de Joseph Stiglitz, tomando como metas la generación de empleos, el crecimiento económico y la reducción de las desigualdades en la distribución de los ingresos, y también en las lecciones (negativas) que dejaron las sucesivas crisis financieras en América Latina”.
El meollo es poner al mercado en el asiento de atrás, y al Presidente de la República al volante.
Que las decisiones básicas en la economía se den fundamentalmente por la oferta y la demanda, es “capitalismo salvaje”, como lo tildó uno de los representantes del equipo económico de Correa que el candidato tuvo la consideración de delegar a nuestro seminario auspiciado por EL UNIVERSO, para contribuir a nuestro entendimiento.
En pastilla: la mayor proactividad del Estado significa, por una parte, dar todo el apoyo a industriales y agricultores nacionales para favorecer la creación de empleo; esto incluye proteccionismo comercial, y de ahí su oposición al TLC; y por otra, redistribuir esos ingresos de las empresas a favor de los trabajadores, vía el alza de salarios. Y el que no piense así, es un mero contador.






